Un premio Nobel celebrado en la Alcarria



Mi pueblo es un pequeño pueblo de la Alcarria llamado Caspueñas, no muy conocido, pero por él han pasado personajes importantes. Aunque yo esos tiempos no los he conocido, siempre mi abuelo me ha hablado de ellos, pues todos esos años fue el alcalde de la villa.
Él me hablaba de un tal Marquina y de su amigo Cela, y aunque a mí cuando era pequeña no me parecía muy importante lo que me contaba, ahora al estudiarlo me voy dando cuenta de que verdaderamente tener estos personajes paseando por las calles de Caspueñas fue un privilegio.
Francisco García Marquina, biólogo y escritor, vivió durante bastantes años en el pueblo.  Estaba en el Molino de Caspueñas, una parcela muy grande conocida por tener truchas. Este importante escritor trabajaba como empleado de mantenimiento y a su vez lo solapaba con su vida literaria. Era un hombre pequeño y recatado que tenía bastante trato con la gente de allí.
Este escritor fue el que trajo a Camilo José Cela, a quien le gustó mucho el pueblo. Cela pasaba temporadas en la villa de Caspueñas, era un señor bastante grande y con un carácter muy fuerte, además no se cortaba en decir nunca nada.
En el libro Nuevo viaje a la Alcarria, Cela menciona mi pueblo, destacando una cosa que le llamó mucho la atención allí, pues dice que nunca había visto una iglesia con toriles y con bar a la vez, ya que en el mismo edificio se tenía todo. También Marquina escribió bastante sobre el río Hungría, el que atraviesa el territorio. Otra historieta que me han contado es cuando una vez mi familia estaba de matanza y, por casualidades de la vida, Marquina y Cela, que paseaban por allí, se pasaron a verla y a estar un rato en ese ambiente, pues a ambos les gustaba mucho la vida rural.
Pasados los años, Cela recibió el Premio Nobel de Literatura, 1989, y decidió celebrarlo en el Primer Molino de Caspueñas. El pueblo se llenó de coches, cosa que en aquella época era impensable, acudiendo personalidades importantes como por ejemplo Aznar. A esta celebración también acudió mi abuelo como alcalde, quien lo contaba como una bonita experiencia.
Todos estos sucesos han dejado importantes huellas y recuerdos, que es lo que yo he podido ver. Mi familia tiene la suerte de tener numerosos libros dedicados por estos dos escritores, la mayoría a mi abuelo. Afortunadamente, son un tesoro, pues poca gente tiene el privilegio de tener libros dedicados por un Premio Nobel de aquella época.



Carmen Sanz, 2º Bachillerato

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